miércoles, 20 de noviembre de 2013

¿SABES PONERTE EN TU SITIO?

¿Eres de los que saben ponerse en su sitio? Si me lo preguntas a mí te diré que uno de mis mayores retos en la vida ha sido el llegar a conseguirlo. Dicen que el mundo se divide entre "el que come" o "el que es comido". Siempre he pensado que esta afirmación es demasiado radical, pues existe un término medio entre devorar y ser devorado, sin embargo, con la experiencia te das cuenta que en el equilibrio del ecosistema sólo existe una única posibilidad y es ponerte en tu sitio. Para mí ha sido tarea difícil conseguirlo, empezando por mi familia, siempre han querido convertirme en el hijo perfecto y me han dado pautas de cada paso que debía seguir en la vida. Debes estudiar esto, hacer aquello y sobre todo parecerte a tu hermano mayor que es súper responsable y un ejemplo a seguir, así que, cuando quieres reaccionar es demasiado tarde, porque te has convertido en la suma de lo que los demás han elegido para ti y ponerte en tus sitio equivale a generar un conflicto en tu entorno y eso es algo que intentas evitar a toda costa, aun cuando suponga sentirte incómodo contigo mismo. Y eso por no hablar de la época de la universidad, quería caerle bien a todo el mundo con el fin de ser aceptado y que la gente no pensara que era el típico andaluz gracioso que vivía en un colegio mayor pagado por papá, eso me hacía protagonista de acciones que una persona normal no habría realizado en mi lugar. Cada curso me erigía en delegado de la clase y me desvivía por ayudar a todo el mundo de forma incondicional, incluso llegué a enfrentarme con algún profesor por defender los intereses de gente que ni siquiera me saludaba por los pasillos y ponía mis apuntes ampliados a disposición de la clase entera en la tienda de fotocopias de la facultad. No necesitaba llevar el cartel de gilipollas colgado en la frente, porque todos me consideraban como tal y en lugar de conseguir que la gente me respetase y admirase, logré el efecto contrario y cada vez me exigían más.  Me sentía enojado conmigo mismo,  pero en realidad era capaz de hacer muy poco por mí y terminé la universidad casi sin amigos. Quería hacer lo posible por cambiar y ponerme en mi sitio e iniciar con buen pie mi andadura profesional, pero me encontraba a miles de kilómetros de distancia del lugar en el que quería estar en la vida. ¿Te has sentido alguna vez así? Si tu respuesta es afirmativa, entonces seguro que me comprendes.
 
En el trabajo nada cambió demasiado. Las oportunidades laborales en mi especialidad escaseaban por aquella época, así que decidí trabajar de forma temporal como dependiente en una tienda de cristalería, pero no era un negocio de cristalería cualquiera, era el mejor de la ciudad, con una fiel clientela, donde se vendían vajillas, copas, lámparas, espejos y otras piezas artesanales realizadas con cristal de bohemia importado desde la República Checa. Mi jefe, don Juan, era un señor mayor muy culto y educado que me enseñó muchas cosas sobre el cristal de bohemia y sobre la vida. De él aprendí a coger cada pieza con delicadeza, a sentir el tacto del cristal y a escuchar el sonido que el cristal de bohemia emite cuando le susurras. Todo aquello hacía que cada momento fuese especial.
 
Pero todo trabajo tiene su parte buena y su parte mala, como todo en la vida. Pues bien, la parte buena te la acabo de contar y la parte mala era tener como compañero de trabajo a Álvaro, un dependiente que llevaba más tiempo que yo y siempre me estaba mangoneando, a pesar de ser de mi misma edad. Mi jefe viajaba con mucha frecuencia a Praga para visitar las fábricas de cristal de bohemia  y mientras tanto, Álvaro era responsable de la tienda. Casi todos los días me hacía quedarme más tiempo y me encargaba las tareas más duras, como limpiar la tienda entera o cargar cajas muy pesadas y otras cosas que no me correspondían, pero yo era incapaz de ponerme en mi sitio, pues temía que me despidieran. Una tarde de sábado había comprado entradas para asistir al fútbol con mis amigos después de trabajar y cuál no será mi sorpresa cuando llegó la hora de cerrar y Álvaro me dijo que tenía que quedarme a colocar un pedido de copas que acababa de recibirse, en la vitrina del escaparate. No era algo urgente ni necesario,  pero él a toda costa quería hacerme perder mis entradas de fútbol, que me habían costado una fortuna y yo no estaba dispuesto, así que, cuando Álvaro se marchó, desembalé las copas a toda velocidad y las coloqué de forma temporal en un lateral de la vitrina, rompiendo el protocolo de manipulación de este tipo de piezas, pero esperando colocarlas mejor el lunes, cuando abriésemos a primera hora de la mañana. De esta forma me dio tiempo a llegar al partido y pude disfrutar con mis amigos de mi tarde de fútbol.
 
Sin embargo, cuando regresé el lunes a la tienda, don Juan me estaba esperando. Parecía disgustado y con gesto contrariado y cuando le pregunté si le sucedía algo, me enseñó todas las copas de la vitrina hechas añicos. Las copas eran muy caras y suponía una pérdida cuantiosa. Al haberlas colocado en el lateral de la vitrina, una de ellas había resbalado y había hecho que todas las demás se cayesen, como un castillo de naipes. Álvaro me miraba de forma acusadora y mi jefe me pidió que fuera a su despacho a hablar con él. Entonces le expliqué lo que había pasado y lo mucho que Álvaro abusaba de mí encargándome cosas que no me correspondían. Don Juan me dijo algo que nunca he olvidado: "Mira, el cristal es muy frágil, pero a la vez muy resistente siempre y cuando esté en el lugar exacto,  pero cuando no está en su sitio o no se le da el uso adecuado, se rompe, tal y como has podido comprobar y cuando esto sucede, no hay nada que puedas hacer para recuperar esa pieza que era única. Simplemente deja de existir. Con las personas sucede lo mismo. Los seres humanos podemos resistir muchas adversidades, pero a su vez podemos rompernos por dentro, porque la naturaleza humana es frágil. Por eso, debes forjar tu carácter y hacerte refractario, como el cristal y no sentirte afectado por lo que los demás opinen o piensen de ti, de esta manera siempre serás tú mismo y eso te convertirá en una persona única y especial, como lo son todas y cada una de las piezas realizadas con cristal de bohemia y cuando entiendes lo único y especial que eres, no estás dispuesto a aceptar situaciones que van contra ti mismo,  porque has aprendido a hacer frente a las adversidades que intentan desviarte del camino que deseas recorrer en la vida y eso sólo se consigue de una manera, poniéndote en tu sitio. No permitas que ninguna circunstancia o persona te hagan perder el lugar que te corresponde en la vida porque entonces nunca te sentirás bien contigo mismo".  Tras este discurso, me quedé sin palabras y después de esto, don Juan se comprometió a no despedirme si plantaba cara a mi compañero y a partir de aquél día no le dejé pasar ni una, ni me dejé vencer por la debilidad ni la falta de carácter  que hasta ese momento, habían sido mi seña de identidad. Desde entonces descubrí que no hay nada  más saludable para tu autoestima que ponerte en tu sitio.

Unas veces te encontrarás caminando sobre nubes de algodón en lo alto del cielo y otras veces verás hundidos tus sueños en las profundidades del océano, es parte de la vida, pero aquello que determina tu destino es lo que construyes cada día y cada segundo con tus acciones y con tu pensamiento y eso te conducirá a encontrar tu lugar en la vida. A veces nos pasamos toda la vida intentando descubrir cuál es nuestro lugar en la vida y otras llegamos a él por casualidad, en realidad sólo hay un sitio para cada uno de nosotros y si no te sientes bien donde estás,  tal vez sea porque no estás en el lugar que te corresponde.

Cuando quieres algo en la vida, pones todo tu empeño en conseguirlo. Lo mismo sucede cuando te valoras y te quieres a ti mismo, harás lo imposible por hacerte feliz y perseguir tus sueños y para conseguirlo debes estar en tu sitio. ¿Te has preguntado alguna vez cuál es tu sitio en la vida?  Como siempre será...aquél que tú decidas.