lunes, 21 de octubre de 2013

LAS ZAPATILLAS MÁGICAS

¿Recuerdas cuáles eran tus zapatos favoritos? Los míos eran mis zapatillas de baile. Fue un regalo especial de mi abuela. Ella las había llevado puestas cuando era joven y las había conservado cuidadosamente en una caja forrada de seda esperando que llegara el momento de regalármelas. Con aquellas zapatillas, mi abuela había recorrido los escenarios más importantes de Europa y se había convertido en una destacada bailarina. Yo había heredado la misma pasión por el ballet, sin embargo, era incapaz de seguir los ritmos cambiantes de las notas musicales y mis movimientos eran rígidos y torpes.
 
Pero todo cambió el día en el que recibí aquel magnífico regalo: las zapatillas de baile de mi abuela. Eran de color rosa, como cualquier otro par de zapatillas de baile, sin embargo mi abuela me había advertido que estaban realizadas con un material especial y  si te adaptabas a ellas, sucedía algo mágico. La ligereza y flexibilidad de las zapatillas se trasladaban a todo tu cuerpo y tus pies se convertían en una prolongación de tu alma, siendo protagonistas de los más extraordinarios e inspiradores movimientos que una bailarina sea capaz de realizar.
 
A partir de aquel día las bauticé como "las zapatillas mágicas" y comencé a usarlas en mis clases de ballet. Pronto comencé a destacar entre mis compañeras y a realizar pasos que jamás hubiera imaginado. Con veinte años fui invitada a participar en la Reapertura del Liceo de Barcelona. Mi actuación sería la más destacada de la noche. Me había preparado durante largos meses para el estreno y mi abuela quiso acompañarme en tan especial ocasión. El día que aterrizamos en Barcelona, esperamos la llegada de nuestras maletas y nos marchamos a nuestro hotel con relativa tranquilidad. Sin embargo, cuando abrí mi equipaje, las zapatillas mágicas habían desaparecido y por más que busqué entre la ropa, no conseguí encontrarlas. Comencé a sentir miedo. Mi abuela guardaba silencio.

Llegó la noche del estreno y me sentía nerviosa, incapaz de salir al escenario sin las zapatillas mágicas, pero sabía que debía superar mi temor, ser flexible y adaptarme a la situación, tal y como había aprendido cuando comencé a usar las zapatillas mágicas, así que decidí actuar con unas viejas zapatillas que siempre dormían olvidadas en el fondo de mi maleta a la espera de cobrar vida algún día. Aquella fue la mejor actuación de mi vida. Cuando se cerró el telón y yo ya me había retirado del escenario, miles de rosas cubrían toda la escena y las ovaciones del público se prolongaron de manera indefinida.

Cuando regresé al camerino mi abuela  me confesó su secreto mejor guardado. Las zapatillas no eran mágicas, ni se habían perdido, pero quería enseñarme una lección: "En la vida puedes lograr todo aquello que te propongas si en lugar de luchar contra las circunstancias adversas, te conviertes en una persona flexible y resistente, que se adapta fácilmente a los cambios y sabe bailar en cualquier situación que la vida le presente. Puede que en ocasiones pases por momentos que consigan doblarte, pero si eres flexible, nunca conseguirás romperte". A partir de aquel día nunca más volví a necesitar las zapatillas mágicas, porque había aprendido a dejar que la vida me sorprendiera y a bailar ante cualquier circunstancia que se presentara.

Puede que  a veces pases por momentos buenos, si es así disfrútalos y vívelos, pero no te aferres a ellos. Y puede que la vida en ocasiones te depare momentos adversos y no veas salida, pero si eres flexible, sabrás bailar en Primavera cuando salga el sol y también bajo la lluvia y el viento del Otoño , o bajo el frío helado del Invierno. Puede que la felicidad no dure para siempre y que el sol se oculte tras el horizonte, pero si eres flexible y te adaptas a cualquier entorno que la vida te presente, tendrás la oportunidad de contemplar un nuevo amanecer, donde todos tus sueños te seguirán esperando, para que los hagas realidad en aquel escenario en el que decidas bailar.